Tal vez sea cierto que las vías de tren han sido
construidas para separar mundos rotos. O que el dios que fuerza sus
músculos persiguiendo un equilibrio entre la lluvia, la tormenta, los
jirones de luz que rasgan las nubes y los reflejos que deslumbran en un
pequeño charco nacido en el asfalto, pretenda castigarnos sin pensar que
nosotros mismos somos muy capaces de hacerlo sin ningún tipo de ayuda.
Y
que los últimos días antes del apocalipsis nos descubren velando a un
ser querido desde un sillón; destrozado con el sexo la carne de la
sonrisa que podrías tener cerca si no existiera el miedo a ti mismo;
expulsando a un pequeño crustáceo de la humedad de un cuarto de baño
simplemente`por su bien, aunque él no lo sepa; viendo como alguien es
capaz de poner su lengua bocabajo mientras duendes y acertijos tratan de
sujetarse para no volcar a bordo de su pequeña barcaza; tratando de
despedirse de un hogar antes de cometer el error de acabar odiándolo;
plantando pequeñas gotas de rocío...Y la guerra, siempre la guerra, que muy probablemente es lo que nos mantiene vivos y en pie.
Y la luna, siempre la luna, que vela por nosotros desde el principio de los tiempos y que jamás se atreverá a juzgarnos.
[4/2/2015]
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