domingo, 15 de febrero de 2015

Tal vez sea cierto que las vías de tren han sido construidas para separar mundos rotos. O que el dios que fuerza sus músculos persiguiendo un equilibrio entre la lluvia, la tormenta, los jirones de luz que rasgan las nubes y los reflejos que deslumbran en un pequeño charco nacido en el asfalto, pretenda castigarnos sin pensar que nosotros mismos somos muy capaces de hacerlo sin ningún tipo de ayuda.
Y que los últimos días antes del apocalipsis nos descubren velando a un ser querido desde un sillón; destrozado con el sexo la carne de la sonrisa que podrías tener cerca si no existiera el miedo a ti mismo; expulsando a un pequeño crustáceo de la humedad de un cuarto de baño simplemente`por su bien, aunque él no lo sepa; viendo como alguien es capaz de poner su lengua bocabajo mientras duendes y acertijos tratan de sujetarse para no volcar a bordo de su pequeña barcaza; tratando de despedirse de un hogar antes de cometer el error de acabar odiándolo; plantando pequeñas gotas de rocío...
Y el frío que nos corroe los huesos que solo ha sido capaz de amparar un abrazo de piel... Y la lluvia que nos corta la cara como cuchillas... Y el ulular de los árboles en la noche...
Y la guerra, siempre la guerra, que muy probablemente es lo que nos mantiene vivos y en pie.
Y las escaleras, siempre las escaleras, por las que trepamos a pesar de saber que están corroidas por el óxido y suelen tener la facultad de desmoronarse.
Y la luna, siempre la luna, que vela por nosotros desde el principio de los tiempos y que jamás se atreverá a juzgarnos.
[4/2/2015]

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