viernes, 9 de octubre de 2015

Y, si con el correr de los años, Josh Tillman (el batería de los enormes Fleet Foxes) no se acaba convirtiendo en un mito musical, me como uno de mis gorretes de esos que ya estoy deseando poner, ahora que el verano se desvanece entre un sol primaveral y los arrebatos de la lluvia.
Fleet Foxes fue una sorpresa realmente emocionante para todos los que amamos ese tipo de arte que tiene la facultad de emocionar. Y ya no sé si podemos contar con un nuevo disco tras 4 años de silencio. Espero que sí, pero, si realmente ya no existen como banda, tampoco sería muy dura la pérdida cuando podemos contar con las gigantescas composiciones de Josh.
Antes publicaba bajo el seudónimo J. Tillman. Pero una creatividad como la suya, en continuo crecimiento, hizo que se transformara en un ser llamado Father John Misty. Un personaje deudor de los grandes clásicos de la música norteamericana y, al mismo tiempo, de un universo sonoro tan personal, que los dos discos que lleva publicados bajo ese alias ya forman parte de una historia de la música (o de una forma de entender la música) que seguirán siendo eternos cuando las tormentas asolen y descompongan las discografías de todos esos superventas actuales.
Casi me resulta fácil la comparación, en cuanto al perdurar se refiere, con un director de cine como Clint Eastwood. Otro delincuente con la capacidad de crear obras que permanecerán como grandes clásicos siendo absolutamente modernas.
Y no creo estar muy desencaminado al decir que Josh Tillman posée la enorme capacidad de crecer todavía más a pesar de esos ingredientes que empapan su obra de músicas que ya estaban ahí antes de que él naciera.
Por el momento es un talento muy grande. Incluso soy bien capaz de jugármela al decir que es enorme.
Y esos vidrio-clips tan perfectos... Por favor, que alguien me diga cuando fue la última vez que vió una obra visual confeccionada para ilustrar una canción (y una melodía tan inmensa como ésta se lo merece) y sentir tanto dolor, tanta tristeza... Tratar con cuidado lo que aquí dejo como ejemplo.
Ya no me pongo ningún gorrete, me lo quito ante Father John Misty, un talento en bruto que, espero, esté aquí para quedarse entre nosotros

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