viernes, 6 de noviembre de 2015

Alan Moore y los campos inabarcables de la narración.

"El Arte, en su verdad humana, toca lo universal. Al ver el Arte, reconocemos un pensamiento que teníamos pero que no podíamos pronunciar, estamos menos solos. La escalofriante sensación de que sólo somos uno."

"Nos elevamos en el pulso y nos derramamos, en la mecha y el flujo.
En el día.
Y es Ahora, y estamos destilados por su calor, y es Ahora para siempre.
Y salimos a las calles al rojo blanco de Sión.
Y en su radiación, nos conocemos a nosotros mismos."

"Escribimos palabras exquisitas, y creemos que jugamos al juego maestro, y todo el tiempo son sólo serpientes y escaleras."
[Alan Moore; Serpientes y Escaleras; 1999]

Alan Moore es un genio, un visionario, un ser que me ha enseñado lo que es el poder de la narración en estado puro. Es alguien que agarró las palabras por su espina dorsal y las destrozó para después recrearlas a su antojo. Un creador irrepetible (como Roberto Bolaño, otro escritor-isla) al que no le resultó muy difícil hacer saltar por los aires la narrativa de los cómics, allá en los 80, para demostrar que cualquier vehículo narrativo es perfecto si se tienen ideas. Sus obras han revolucionado la historia del cómic y se han llevado a la pantalla en muchas ocasiones sin que su nombre aparezca en los créditos y, por consiguiente, sin ganar una simple moneda por ello. Simplemente porque piensa que si una narración está escrita en un formato en concreto así debe permanecer. Y se podría discutir mucho sobre eso, pero lo cierto es que hablamos de alguien que no se vende ante el oro fácil.
Ha escrito novelas que son como pozos de opio en los que todo fluye de forma perfecta. En el mundo del cómic es el padre de John Constantine, Miracleman, Watchmen, V de vendetta, From hell, Neonomicón... y un gran etcétera de obras que han inundado mi imaginación con historias tan imposibles como perfectamente milimetradas. Cuentos de plenilunio que parecen asomar de una mente alucinada y que nadie, nadie, podría escribir con esa exactitud y esa emoción.
Nadie escribe como él. Nadie puede elaborar una historia tan inmensa y extrañamente conectada, con una estructura tan perfecta como extraña, como él.  
Tened cuidado si os cruzáis con un tipo de largas melenas y mil anillos protegiendo sus dedos porque puede que sea Alan Moore, y con una simple idea es muy capaz de volcar el mundo del revés.
Eso, eso es un escritor. Alguien que sabe conjurar los misterios de la eternidad para que nuestra imaginación explote en cientos de ángulos afilados.

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