martes, 20 de enero de 2015

JUAN RAMÓN BIEDMA - El imán y la brújula [2007]

"Éctor se levanta, abre la ventana y se apoya en el alféizar; a pocos metros, un edificio más alto convierte la trasera de la fonda en zona de sombras permanente.
Tras la esquina se escucha Madrid.
Es un estruendo que sube y llena. Trayendo mil historias. Puede oír los bombardeos que aún no se han producido. Puede oír el sonido de las piernas al abrirse de una mujer que se tiende en el suelo de un callejón, sobre una puerta rota, mientras dos tipos le tiran dinero a la cara para una botella. El llanto de dos niños que se pasan el día amarrados a la tubería de un cuarto de baño. El ruido del motor de cientos y cientos de vehículos y el rugido de la respiración de un anciano que, sin saberlo, cruza las carreteras deseando ser atropellado por alguno de ellos. Editores que cierran manuscritos en la segunda página. Pintura barata que se cuartea en las paredes ante la mirada de enfermos amarrados con sábanas. Una mujer deja sobre la mesa un puchero parcheado y ni la familia se atreve a preguntar el contenido ni ella a mostrárselo. Cuatro niños juegan a los toreros; de toro siempre hace el mismo, siempre, y está llegando a pensar que no hará otra cosa el resto de su vida. Un lotero le cambia el décimo en el último momento a un político que no advierte ni el cambio de número ni la mirada de odio del vendedor. Un edificio se cae a pedazos sobre sus ocupantes, y el rey, con una piqueta de oro, da el primer golpe para demoler un edificio en perfectas condiciones. Un esquilador blasfema. Un guardia blasfema. Una planchadora blasfema. Un afilador blasfema. Un cura blasfema. Un hombre asesina a su hija embarazada. Un maestro, que nunca lo había hecho, blasfema, y se siente mucho mejor. El estruendo, armado por miles de sonidos e imprecaciones, se sigue llenando de historias, se expande, hasta llenar la habitación como un aire pestilente y tangible.
Éctor se da la vuelta y ve a Lucio dormido, sin desvestirse; tendrá que esperar a mañana para la primera pesquisa.
Cierra la ventana. El estruendo se queda dentro."

La verdad es que ha sido un auténtico descubrimiento para mí este escritor. Clasificado en el puñetero genero tan de moda que los critiquillos denominan thriller histórico, mi visión es otra muy distinta. Errado o no, lo que a mí me transmiten sus palabras son dos ciudades, Sevilla y Madrid en 1926, un año en que todo está a punto de cambiar para mal, que son como dos monstruos corruptos capaces de arrastrar a los personajes que se mueven por estas páginas al pozo más oscuro. Personas de carne y hueso que buscan una especie de redención y que ya no les queda nada que perder. Personajes que se van mutilando interiormente, poco a poco, en una busqueda de salvación que está más allá de lo que arrastran sus pasados torcidos.
Muchos pequeños hallazgos dolorosos en frases que cortan como el hielo. Sentimientos que solo expresan el daño de un pasado imposible de olvidar. La frialdad de distanciarse de la maravilla para no sentir el daño que podría acabar con la poca cordura que te queda...
Un pequeño descenso a los infiernos trazado con maestría, una atmósfera casi claustrofóbica y frases salpicadas de una extraña rabia que están ahí y realmente parece que no están. Es solo que no entiendo que los libros de este tipo funcionen tan bien comercialmente con ese peso de desazón que te deja en el paladar. No sé, igual es que estoy equivocado y me identifico por momentos con esos personajes sin rumbo. O tal vez mi imaginación me ha jugado una mala pasada y veo más allá de lo que debería ver. O puede ser que este libro sea diferente a otros que haya escrito. Repito, no lo se. Tan solo puedo decir que el muy cabrón me ha provocado cosas en mi interior y eso es lo que me gusta en cualquier forma de arte.

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