martes, 20 de enero de 2015

La rebelión de los olvidados.

Un día fabriqué una máquina de vapor que me permitiría desplazarme sobre los acantilados que encontrara a mi paso. Abrir túneles bajo las montañas. Construir puentes que comunicarían islas ignotas con los continentes.
Dios, me sentí tan orgulloso de mí mismo cuando conecté su último circuito que casi creí olvidar todas los errores de mi pasado incierto. Me creí grande y eterno al ver como todos los científicos de renombre mundial se postraban a mis pies y reconocían cuan equivocados estaban al tratarme con ese desdén petulante del que habían hecho gala a lo largo de mi carrera.
Hicieron fiestas en mi honor. Me agasajaron con actos multitudinarios. Me concedieron las llaves de la capital. Me ofrecieron dinero, las más hermosas mujeres, los mejores vinos, los halagos más grandes que un mortal podría soñar...
Y en una noche sin luna, mientras dormía mi sueño tranquilo de triunfador, uno de mis más humildes siervos atravesó mi garganta con un cuchillo tan afilado como el grito de un recién nacido. Mis sueños se convirtieron en un lago de sangre y mi gloria rotó, de forma oficial, a otro.
Y ahora, desde este laberinto eterno donde estamos atrapados muchos como yo, quiero que sepáis que nos estamos preparando, nos hacemos más fuertes cada día, afilamos nuestras armas, no tenemos cuerpo ya, ellos nos lo arrebataron, pero nuestra energía se hace cada día más grande y llena de rabia. La curvatura dimensional está crujiendo. Hemos encontrado un resquicio en el portal que nos separa de vosotros, los vivos. Y nuestra esencia es tan frágil y al mismo tiempo tan cruel, que estamos rasgando lentamente la superficie. Vamos a salir. Es cuestión de tiempo. Simplemente advertir que después ya nada será lo mismo.
[21/05/2014]

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