domingo, 4 de enero de 2015

El latido que enlaza todas las telarañas [I & II]

I.
Le resultaba muy dificil desprenderse de la sensación de ser observado a través de las ventanas de su casa cada vez que salía a cazar alguna de las sombras que solían acechar su granja. Algo así como la sensación de un grifo oxidado que por mucho que aprietes resulta imposible de cerrar y el tic-tac de sus gotas de llanto intermitente tiene el poder para hacer que te vuelvas loco en el silencio de la noche.
Todas las mañanas encontraba arañazos provocados por extrañas garras en la puerta de la entrada pero nunca sentía miedo o cualquier otro temblor que se le pudiera aproximar. Lo que más le preocupaba era el escalofrío que retorcía su espina dorsal cada vez que se adentraba en el exterior para alimentar los estómagos de las bestias originadas por cruces imposibles entre extraños animales que recogía en el desierto calcinado que rodeaba su granja. Esos seres que imploraban con un destello en sus ojos que alguien acabara con su tormento de huesos malformados que se expandían atravesando la carne.
Y es que a pesar de tener la certeza de que todos los seres humanos habían desaparecido, le resultaría muy fácil jurar que había alguien vigilando todos sus movimientos desde el interior de su casa, desde el último hogar libre de pecado sobre la superficie de la tierra. Algo así como una sombra velada que se desvanecía tras las cortinas al girar la mirada.
II.
Una noche se despertó poco antes de que el débil sol desvelara con sus rayos enfermos la negrura de la noche sintiendo que algo no iba bien. Saltó de su cama sujetando el machete oxidado que siempre ocultaba bajo la almohada y se precipitó hacia el exterior.
La sangre que circulaba por su venas se transformó en erizos.
Un agujero en la red metálica guiaba un rastro de sangre que surgía de los pedazos destrozados de sus animales mutados hasta más allá de la zona más alejada de la granja. No existía el viento, solo un brutal tambor en su estómago que percutía al ritmo que marcaba el miedo que había desplazado durante tanto tiempo ante la seguridad de su refugio.
Las oraciones mil veces dichas escapaban entre murmullos de sus labios tratando de dar seguridad a sus manos trémulas que hacían temblar el machete mientras seguía el rastro de sangre hasta la entrada de la bodega.
Allí se detuvo para tratar de respirar, santiguarse, calmar sus desbocadas pulsaciones, implorar protección a su dios que habita en el cielo radiactivo.
Abrió la puerta y entre los débiles rayos lunares pudo ver miles de telarañas fosforencentes entremezclándose entre si hasta conformar un extraño esqueleto o símbolos o un lenguaje. Una red luminosa que ayer no estaba allí.
Un telar inmenso que se extendía por las paredes, el techo y el suelo de una estancia en donde el olor a humedad era suplantado por algo más complejo. Como un mapa donde todas las vidas que han sido y serán y todos los mundos y todas las dimensiones se pudieran leer ante sus ojos cansados.
[2013]
(Continuará)

2 comentarios:

  1. O comenzo dunha saga apocaliptica? Eu xa devezo polo segundo capítulo, meu querido Chatarreiro, pois xa dende que lín o título xa houbo algo que me atrapou, quizáis por esa inclinación miña a caer en teas de araña... Poño un pe nesta tua nova casa e xa teño o estómago encollido coas túas palabras... Unha aperta e ánimo, a seguir golpeando esas teclas coma se fosen fantasmas...

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    1. Moitísimas gracias! Son os dous primeiros capítulos de unha especie de pesadelo que prometo rematar antes de que o mundo acabe tornando nunha paisaxe desolada ;)
      Apertas a tí, meu rei, que as túas verbas sempre emocionan a este pequeno impostor con ínfulas de escritor trapalleiro.

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